En esta sesión, hicimos una práctica en la que contamos experiencias personales al resto de compañeros de clase. El profesor nos propuso escribir en una hoja, de manera individual, una historia personal que nos hubiese resultado difícil de afrontar y cómo fue el apoyo que recibimos, tanto por parte de las personas de nuestro entorno, como de forma profesional (como por ejemplo psicólogos). Después, algunas personas voluntarias decidieron contar sus experiencias personales al resto.
Nosotras también nos hemos decidido a compartir nuestras declaraciones.
Testimonio 1
Afortunadamente, nunca he necesitado ayuda de un profesional por un problema grave. No obstante, sí que he pasado por un momento difícil donde tuve una relación de ayuda o debería haberla tenido. Cuando tenía 11 años mi padre murió debido a unos problemas de salud que prácticamente había tenido toda su vida. Ese momento fue devastador y, aunque lo pasé mal, el dolor se fue muy rápido. Mis familiares apenas me ofrecieron ayuda emocional y no podía esperar de amigas, pues éramos muy pequeñas para afrontar este tipo de situaciones. Las conversaciones sólo consistían en un qué tal y, a pesar de que al principio eso me molestaba, me acabé acostumbrando hasta pensar que no necesitaba más. Sin embargo, sí que hay algo que me fastidiaba (y me sigue fastidiando). Me incomodan las caras de pena y compasión de otras personas cuando se enteran de esta noticia. Soy consciente de que es un acto involuntario, pero no ayuda ver que alguien siente pena o tristeza por ti al no tener padre. Considero que esta pérdida no se supera, pero sí que se puede ir hacia delante, y lo hago. Ahora, y a lo largo de mi vida, seguiré necesitando relaciones de ayuda por este tema (y, desgraciadamente, por otros), así que, conociéndome a mí misma, la ayuda que necesitaría es que traten este tema como algo natural. Que pregunten, si así lo desean, sin miedo y, si es necesario, que lo nombren en alguna ocasión sin preocuparse. No lo veo como una falta de respeto. La compasión, sí.
Testimonio 2
Era un día como otro cualquiera. Salí con mis amigos esa noche y al final de ésta, recibí una llamada. Esta llamada cambio mi forma de ver el mundo. Como de un día a otro puede cambiar todo. Era mi madre, que tenía que volver a casa que no pasaba nada, pero debía ir a casa. No es que fuera negativa, pero yo sabía que algo raro había ocurrido. Por lo que, tan rápido como pude volví a casa. Me dijeron que mi abuelo había fallecido. A día de hoy, todavía se me hace muy complicada está pérdida, ya que ha sido una persona que era muy importante para mí. Cuando me encontré a mi padre, nos dimos un abrazo que fue demasiado intenso. Ambos estábamos muy apegados a él. Fue un golpe muy duro para toda mi familia, pero yo sentí como todos me apoyaban. Como he dicho anteriormente, mi padre me apoyó muchísimo. Soy una persona a la que le cuesta mucho expresar sus sentimientos hacia los demás, y mi padre es una persona igual. Por eso, en el momento del abrazo me recorrieron por el cuerpo todo tipo de sentimientos. Todos se portaron de manera excelente y personas ajenas a la familia tuvieron gestos muy agradables realizando homenajes, palabras que le dedicaron...Me sentí bien al ver que tanta gente se preocupaba por mí y me proporcionaba la ayuda y el apoyo que en esos momentos necesitaba. Sé que la vida es un ciclo y que tan pronto estas aquí, como puedes estar allí. Pero lo que sigo teniendo dentro, es que no pude despedirme de él como a mí me hubiera gustado, o como él lo merecía. Además, algo que suele costar mucho, pero es con lo que no puedes quedarte dentro: demostrarles a las personas que son importantes para vosotros tanto con hechos como con palabras.
Testimonio 3
Todo empezó en el año 2012 a principios del tercer cuatrimestre del curso, cuando iba a 4º de la ESO. De un día para otro empecé a tener problemas de estómago, por así decirlo...Llegaba tarde a clase o directamente no podía ir a primera hora ya que mi cuerpo me lo impedía. Estuve varios meses así, en los que cada día iba perdido peso hasta llegar a quedarme con 5kg o 6kg menos. Mi cuerpo estaba débil, sin fuerzas, a pesar de que comía bien todos los días. No rendía lo suficiente en los estudios y comprendí que necesitaba ayuda ya que me estaba consumiendo tanto por fuera como por dentro, es decir, estaba mal tanto física como psicológicamente. Así que fui al médico a contarle lo que me estaba pasando y él no tenía nada claro respecto a mi problema por lo que estuve yendo de médico en médico. Me miraron el colón y como lo tenía hinchado me hicieron una prueba en donde lo pase realmente mal. Al no detectar nada, me hicieron una biopsia para saber si era celiaca y resultó que no lo era, por lo que me hicieron dejar de tomar leche por si tenía intolerancia a la lactosa pero tampoco fue eso. Me sentí bien cuando fui a pedir ayuda ya que pensé que me iban a solucionar el problema y todo iba a volver a ser como antes. Pero tras no haberme resuelto nada me sentí fatal, encima tenía los exámenes finales y no me veía capaz de sacarlos adelante, aunque esto fue posible gracias al apoyo incondicional de mi madre que durante todo el proceso estuvo a mi lado para ayudarme. Una vez terminó el curso y llegó el verano, mi problema desapareció. Lo único que saqué en claro de esta situación fue que no me ayudaron lo suficiente ya que no me solucionaron nada. Por lo que si alguna vez más me pasara, me gustaría que no se rindieran y buscaran más recursos para resolver algo, ya que me dejaron con 6kg menos y una crisis emocional bastante dura a pesar de que en verano se me pasara.
Con lo que respecta a esta práctica, pensamos que nos ha ayudado para abrirnos y conocernos mejor a nosotros mismos. Como trabajadoras sociales, esto nos ha servido para saber que tenemos que tratar a nuestros usuarios de la misma forma que nos gustaría que nos tratasen a nosotras.